Lo que el duelo me está enseñando

Este año, el cuatro de julio, una de las personas más importantes de mi vida falleció. Mi abuela murió na noche lluviosa de verano, después de pasar los últimos siete años de su vida con Alzheimer.

Me ha llevado mucho tiempo escribir esto. No es porque no haya hablado o escrito sobre ello. Mis mejores amigos y mi familia saben cuánto significaba mi abuela para mí, y han estado desde el primer momento apoyándome. La razón por la que era reacia a publicar algo es porque hasta hace muy poco no era consciente de lo mucho que el duelo me estaba afectando en mi día a día.

Mi abuela siempre ha sido una figura muy importante en mi vida. Cuando mis hermanas y yo estábamos en primaria mi madre trabajaba muchas horas, así que nos pasábamos los días en casa de mis abuelos. En el instituto cambiaron las cosas, pero nosotras seguíamos comiendo con ellos y pasando las tardes y algunas noches en su casa. Mi abuela siempre estaba ahí para vestirnos, darnos de comer, cuidar de nosotras cuando nos poníamos enfermas y un largo etcétera. Yo la recuerdo como una persona muy generosa pero también con mucho carácter. Sobre mis trece o catorce años le diagnosticaron con demencia senil, y al año siguiente, después de un par de accidentes, confirmaron  que era Alzheimer. Como pasa con todos los que la sufre, la enfermedad la cambió completamente. Poco a poco se fue transformando en una persona agresiva, y nos gritaba a mis hermanas y a mí cuando le intentábamos recordar algo. Hacia el final apenas era capaz de construir frases, y hacía ya un tiempo que no nos reconocía.

EL duelo es una experiencia drásticamente diferente para cada persona. Incluso entre mi familia más cercana, mis hermanas y mi madre tuvieron distintas formas de afrontarlo. Mi madre se centró en cuidar de mi abuelo, acompañándolo por las tardes después de trabajar. Para mis hermanas era todo lo contrario, cuanto menos tiempo pasaran en casa de mis abuelos, mejor. Para mí, la verdad es que fue más bien una mezcla de las dos. Hasta que volví a la universidad.

Aunque durante el verano había mantenido contacto con algunos de mis amigos aquí en Londres, muchos, incluidas mis compañeras de piso, no sabían nada. Cuando legué se lo conté, pero muy por encima, y nunca a fondo o explicando cómo había sido. Me centré en la universidad. Durante este cuatri he hecho lo mismo que hacía el año pasado. Voy a clase, entrego mis trabajos y de vez en cuando salgo de fiesta. Pero al mismo tiempo me he pasado noches sin dormir, he llorado casi todas las veces que he ido a la iglesia y lo que es peor, muchas veces he fingido estar bien cuando no lo estaba.

Hace un par de días mi madre me llamó y hablando sobre las navidades me dijo que ella seguía en duelo. NO le había oído decirlo tan claro desde julio. Fue entonces cuando yo también me di cuenta que estoy en duelo. Pero una parte de mí se lo cuestiona todo el tiempo. No parece que esté bien  que yo esté así cuando mi madre ha perdido a su madre y mi abuelo al amor de su vida.

No es un proceso fácil. Cada día es diferente. Hay muchos días en los que ni me acuerdo de ella o si lo hago la recuerdo como era antes, cuando yo era pequeña. Hay otros en los que me siento culpable por mudarme tan pronto y tan lejos, por no pasar más tiempo con mi familia. En los peores días no puedo parar de pensar en cómo mi abuela pasó sus últimos días, no puedo olvidar los lloros de mi abuelo y me resulta imposible dejar de pensar en sus últimas palabras.

Encontrar la forma de salir de todo esto ha sido complicado. Durante un tiempo, la fe y la religión me ayudaron bastante. Iba a misa unas dos veces a la semana y rezaba más que antes. Pero una vez se cumplieron los tres meses desde que falleció, empecé a angustiarme solo con pensar en ir. Hace un par de semanas, viendo todos los trabajos que tenía que hacer para la universidad, dejé de ir. Sigo rezando, pero perder esa sensación de comunidad lo hace más difícil. Intento hacer otras cosas. Salgo a dar paseos, quedo con amigos, leo y escribo bastante. Pero hay veces nada de eso importa. Porque puedo estar haciendo mis trabajos o viendo una película y de repente empiezo a pensar en ella y todo lo que soy capaz de hacer es pensar en cuánto la echo de menos. En que estas son mis primeras navidades sin ella.

Sin embargo sé que mi familia siempre estará ahí para apoyarme. Sé que los días en los que me quiera acordar de mi abuela mi abuelo me volverá a contar la historia de cómo se conocieron. Sé que si un día la echo muchísimo de menos siempre puedo hablar con mi madre y llorar si quiero.

Puede que mi abuela ya no esté conmigo, pero si el duelo algo me ha enseñado, es que hay mucha gente que todavía sigue aquí.

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